La Membrana Mágica funciona así: la proteina receptora se une a una señal del medio extracelular, se produce una alteración en su carga eléctrica y toma otra conformación. Los receptores también pueden captar energía ondulatoria y electromagnética. Esto altera la carga proteica y produce un cambio de forma. Los pensamientos también los captan en forma de energía.

Las proteínas efectoras reciben esta información y la mandan al núcleo para que éste fabrique las proteínas necesarias. Su estructura es la del cristal líquido y se compara a un chip (Cornell, 1997). Se aplica en nanotecnología. La membrana es un semiconductor lo que quiere decir que se comporta como un ordenador.

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“Cuando una célula se convierte en cancerígena es que algo ha recibido del exterior para adaptarse a una nueva situación”.

Se puede hacer una analogía con el ordenador. El núcleo sería el disco duro’de memoria. Las proteínas de la membrana receptora sería el teclado. Las proteínas efectoras serían la unidad de información externa en lenguaje biológico. Dicho de otra manera, la membrana efectora traduce el lenguaje cuántico a lenguaje biológico. Y el Inconsciente a través del ADN da la solución biológica en forma de síntoma o enfermedad.

¿Y quién es el programador?  Nosotros. ¿Y cómo nos programamos? Pues con nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestro lenguaje.

Cosas tan simples como “yo no sirvo para …”; “yo es que soy un poco tont@”; “es que no tengo ….”; “es que no sirvo para nada”.

Hay que estar alerta, porque nuestras palabras crean unos pensamientos, los pensamientos crean acciones y nuestras acciones crean nuestro destino.

Porque “el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”, no son palabras bíblicas, son palabras cuánticas.

Cuiden el lenguaje, ¿cómo nos hablamos?. Cuando una célula se convierte en cancerígena, ¿cómo la estamos programando?

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